¿Quién dijo que Madrid carecía de Escenografías Barrocas? La historiadora española Margarita Torrione, catedrática de la Universidad francesa de Savoie, ha localizado desde 1997 hasta el mes pasado ocho de los más singulares testimonios que niegan tal presunta carestía. Tiene probada la autoría de media docena de lienzos al óleo del pintor de escenografías Francesco Bataglioli, nacido en Módena en 1725, que vivió y trabajó en la Corte del melómano rey español Fernando VI y de su esposa, Bárbara de Braganza, mediado el siglo XVIII.

Cuatro de los lienzos escenográficos los halló Margarita Torrione en Madrid, en los almacenes de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde permanecieron varios siglos sin identificar. Otros dos lienzos más los encontró en los fondos del museo parisiense de la ópera Garnier.

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Los citados doce lienzos de Battaglioli recogían otras tantas magnificentes escenografías, como la del llamado Palacio del Sol, perteneciente a la ópera en cuyo montaje se encendieron hasta 18.000 velas para otras tantas lámparas. Las decoraciones teatrales eran arquitecturas fingidas y pintadas de grandes dimensiones –recuérdese que el escenario del coliseo medía hasta 18 por 11 metros-, con hitos de esbelta estructura, límpidas atmósferas y cautivadores coloridos. Los puntos de fuga escénicos se abrían al horizonte del parque desde puertas monumentales pintadas o ensambladas por los escenógrafos italianos. La ilusión óptica se desbordaba: el mensaje consistía en considerar los fastos musicales del Coliseo como prolongación y expresión magnificente del poder de la Corte borbónica de Fernando VI, donde oficiaba de financiero Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, melómano y amigo igualmente de Farinelli.

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Margarita Torrione ha documentado que en una pieza representada en el Coliseo del Buen Retiro, cerca de donde hoy se encuentra el Parterre, llegaron a exhibirse 1.300 columnas de cristal liso y 600 de cristal labrado, de metro y medio de altura cada una, donde descansaba el decorado. Fueron encargadas a la Real Fábrica de Cristal de La Granja. No menos fastuosas lo fueron óperas como La Didone Abandonatta, drama musical escrito para Madrid por el propio Metastasio, La Nitteti o Armida Aplacada, en cuya decoración llegó a exhibirse un sol ardiente con rayos metálicos que medían hasta 6,30 metros de longitud. Fue representada hasta 16 veces en apenas tres años.

De los escenógrafos italianos que trabajaron en Madrid antes de Francesco Batagiloli destacaron Jacopo Pavía y el Antonio Jolli, algunas de cuyas obras fueron reproducidas asimismo por el pintor de Módena. “Con las obras existentes en España de estos tres autores cabría hacer una excelsa exposición, que permitiría obtener una visión completa del vedutismo, esa pintura de planos generales tan descriptiva y llena de información histórica”, explica Torrione.

La escenografía histórica del Teatro Real durante el siglo XIX y hasta 1925, más abundante y no menos fastuosa que la de la centuria precedente, ha sido documentada y difundida por el catedrático de Dibujo Juan Paz Canalejo, en su libro La caja de las magias publicado por el Ayuntamiento de Madrid y la Universidad de Castilla-La Mancha en 2006.

Información y fotos: http://ccaa.elpais.com

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